Un ejemplo de esta tendencia -ya considerada como tal en el reciente libro Create, eating, design and future of food (Gestalten)- es el del tarro de la miel Stanley Honey diseñado por el estudio inglés The Partners. Su etiqueta invita directamente al consumidor a darle nueva utilidad al envase una vez agotado su contenido: plantar flores para que las abejas urbanas sigan haciendo miel.
El chiste tiene un lado serio. Michael Paisley, portavoz de The Partners, comenta que la publicidad ha apelado tanto a la conciencia ecológica del consumidor que la estrategia comienza a perder efectividad. Hay que inventar algo nuevo.
"Ya hace unos años que todo es eco y bio, pero siempre haciendo referencia al producto, no al envase, que es lo que más contamina", dice Jaime Victoria, director creativo de la empresa española La Cía Packaging, que lleva más de 10 años diseñando envases para marcas de alimentación.
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